Una instalación tiene una vida útil de 25 años como norma general y, con los cuidados adecuados, se podría esperar una vida media de hasta 35 años. En el caso de que una de las placas falle, esto no afecta al funcionamiento de las demás, pudiéndose sustituir sin problema. La garantía de producción por parte de los fabricantes es de 25 años.