Además de los beneficios ambientales (energía limpia y sostenible, reducción de pérdidas por transporte, independencia energética) y sociales (fomento de la energía distribuida, solidaria al abaratar el precio de la luz, herramienta contra la pobreza energética al poder compartir los excedentes).

Desde el punto de vista energético, nos permite cambiar nuestra relación con la energía radicalmente, al dejar de ser simples pagadores pasivos de una factura eléctrica alta e injusta a un oligopolio que ha frenado durante décadas el cambio a un modelo energético renovable, perpetuando el uso de combustibles fósiles culpables del cambio climático.

Y, desde el punto de vista económico nos permite además conseguir importantes ahorros ya que la energía autogenerada es gratis respecto a la de la red que nos llega.